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Mi amor por los verdiales de Málaga

Desde pequeña, me he criado un poco al amor de los verdiales.  Mi primer contacto fue con cinco años, cuando me apuntaron a una academia de bailes regionales, a las novatas era el primer baile que nos enseñaban. 

Aun recuerdo el traje con que debuté en la feria de Málaga, lo he conservado, pero no necesito mirarlo para recordar como es. La tela naranja con rayas blancas, las mangas  formadas por dos volantes, que cuelgan 15 centímetros del hombro, escote de pico, el cuerpo abotonado hasta la cintura, la falda termina con un solo volante, por detrás  tiene una especie de pompón formado por volantes pequeñitos. Debajo, unos “puchos” blancos, son parecidos a unos pantalones anchos con un elástico en la cinturilla y un pasa cinta al final para rizarlos y fijarlos a la pierna. Lo complementan;  un  delantal de raso negro anudado a la cintura, unas alpargatas de suela de esparto con  varias cintas de colores atadas a la pierna y   una biznaga en el pelo, recogido en un moño. Con él  han jugado mis hijas y espero que lo hagan mis nietas.

Recuerdo una de las primeras letras que oí:

 

Eres chiquita y bonita,

Brillante como un lucero, 

En una noche de enero,

Cuando la luna se quita.

 

Dos años después me cambiaron de grupo y empecé a bailar Malagueñas, Fandangos de Huelva, El Vito etc. sustituyendo el traje de rayas  por uno de gitana, rojo  con lunares blancos y zapatos de tacón tachuelados en la puntera, la primera vez que mis pies tocaron el suelo con ese par de zapatos y oí el taconeo, me consideré la mejor bailarina del mundo, (hay que tener en cuentas que solo tenía siete años, una edad preciosa para soñar). A los 14 dejé la academia y pasaron 13 años hasta que de nuevo se cruzaron los verdiales en mi vida. Había tenido tiempo de casarme, divorciarme, preparar oposiciones, hacerme funcionaria, tener un perro y bailar todas las canciones de moda, cuando conocí a mi marido. Con el he aprendido el verdadero significado de los verdiales. Los verdiales son una reliquia del pasado, su origen se puede rastrear ya en época romana, varios siglos antes de Cristo, que ha llegado a nosotros como un bello fandango rural acompañado de música instrumentales. Una gruesa joya del  patrimonio cultural malagueño, que estuvo a punto de desaparecer y gracias a personas amantes de este arte popular han logrado promocionarlo de nuevo. Yo pensaba que solo era un baile y he descubierto que es  algo más, una manifestación  de alegría en la que se intensifican las relaciones de amistad y puede intervenir cualquiera. Aprendí el significado de los distintos componentes de una panda; el alcalde con su vara en la mano convoca a los fiesteros y señala cuando se toca, quien canta y cuando empieza y termina. El abanderado,  marcha junto al alcalde, al frente de la panda. Porta y baila una bandera, suele hacerlo solo y es una gozada ver como lanza la bandera al aire y la recoge al son del pandero, guitarras, violines, platillos y castañuelas. Una cosa que me llamó la atención es el abigarrado sombrero que llevan alguno de los integrantes, cuajado de flores y abalorios, lazos multicolores bordados (posiblemente  por la hermana o la novia), y espejos que brillan emitiendo multitud de destellos. El pandero, para mí, es la base de la fiesta. Todos los instrumentos se someten a su ritmo y marca el compás con sus rajados y golpes. Posiblemente es el más arcaico del grupo. El violín, es el protagonista de la melodía, contrasta con la dureza del pandero y añade dulzura al conjunto. La guitarra, de dos a cuatro, acompañan al violín con aterciopelado rasgueo y compás continuo. Por último, los platillos, dos pequeños discos de bronce que se golpean entre sí.

Mi vena bailarina se encontró a sus anchas aprendiendo las mudanzas o pasos que componen las piezas, como das pequeños saltitos, de tres en tres tiempos, formando un triángulo acabas hecha polvo.  Dentro de los Verdiales hay tres estilos, yo prefiero el de los Montes por ser más lento, cansa menos y luce mas el cante, (que en la mayoría de los casos es difícil de entender, si no pegas la oreja), también es el más antiguo. El Estilo Almogía es el más rápido y el de Comares se diferencia, porque el pandero pasa a un segundo plano, y se lucen más los instrumentos melódicos. 

Pero el recuerdo más grato que conservo, fue el día de mi boda. Al bajarme del coche, en la plaza, donde  esperaba mi futuro “sufridor”,  vi una panda de Verdiales, pensé que irían a actuar cerca, pero no señores, vinieron en mi busca rodeándome para acopañarme hasta la entrada del ayuntamiento, se me formó un nudo en la garganta y apenas podía articular palabra y cuando cantaron:

 

No he visto rosa más linda

ni clavel más encarnado,

ni mujer más a mi gusto

que la que tengo a mi lado

 

Anoche soñé contigo

y soñé una tontería:

que tus labios me besaban

y que contigo dormía.

 

En la raya de tu pelo

se paró la luna clara,

y no la deja salir

la hermosura de tu cara.

 

Por mucho que intenté contener las lágrimas, terminé llorando a moco tendido, olvidando las dos horas de peluquería y maquillaje. Con lo que he escrito, he pretendido enseñar mi amor por algo que es de mi tierra y desearía trasmitir a mis futuras generaciones, espero que alguna vez lean estas líneas y aprendan la belleza que encierran los Verdiales.

 

 Mari Angeles García Contreras

3 respuestas to “Mi amor por los verdiales de Málaga”

  1. José María dijo:

    Puede que no sea imparcial, ya que soy de Málaga de pura cepa, nacido salpicándome el Mediterráneo malagueño, pero la verdad es que está muy bien explicado. Me gustaría que sirva este relato para llamar la atención de aquellos que no conocen esta maravilla ancestral que son los Verdiales.

  2. Isabel dijo:

    Yo tambien soy de Málaga,me he emocionado al leer tu relato,me has transportado a mi infancia,he recordado a mi hermana cosiendo mi traje de Verdiales,los nervios al comenzar oir la musica y la “seño”nos decia venga ese arte de Málaga que no se pue aguanta,a baila.Gracias a ti Mari Angeles por explicarlo tan bien y con tanto amor.

  3. PEREZ ROTHEMUND dijo:

    No soy malagueño, pero hice la carrera en Málaga (2ª promoción de Económicas),allí viví 7 años, me casé con una rondeña y mis dos hijos son boquerones por lo que siempre he llevado y llevo Málaga en mi corazón. Actualmente tengo una casa en Los Montes (Parque Natural) y para alguien que no es andaluz y que está “jarto” de sevillanas, los fandangos y los verdiales es lo que musicalmente lo une con Andalucía.
    Enhorabuena Mari Angeles por esta expresión del sentimiento malagueño.
    Hace unos años en Semana Santa se cruzaron tres tronos en la Alameda frente a la antigua Facultad de Económicas. Vi tres tronos elevados hacia el cielo y una muchedumbre inmensa gritando MÁLAGA, MÁLAGA, MÁLAGA me sentí orgulloso de sentirme ñmalagueño de corazón.

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