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Besos en la Cueva del Gato

Desde los pies de la  montaña se divisa perfectamente la entrada a la Cueva del Gato, en Jimera de Libar, en plena serranía de Ronda. Fui con una amiga a pasar unos días por Grazalema con la sana intención de tener algo más que una amistad.Por supuesto no entraba en mis planes acudir a la cueva, de hecho, nunca había visitado ninguna y tampoco sentía especial interés. La cosa es que paseando por la zona llegamos hasta el monte donde se encuentra la espectacular entrada a la cueva, y justo una pequeña excursión guiada se disponía a entrar y hacer el recorrido. Mi amiga me animó a que nos apuntáramos con el grupo, y me prometió regalarme un beso en la cueva, motivo más que suficiente para aceptar.
Pero nada más entrar en la cueva mi estado de ánimo cambió, sentí un ligero escalofrío, la presencia lejana y primitiva de sus antiguos inquilinos. La inmensidad del espacio es lo primero que sobrecoge, estalactitas y estalagmitas unidas desde hace tanto tiempo, y un techo que se pierde en la oscuridad, allá donde la colonias de murciélagos hibernan. El guía ya nos advirtió que era una de las cuevas mejor conservadas, de hecho mantenía la temperatura natural de 15 grados, y en las visitas sólo se podía utilizar una bombona de gas para la luz. Lo demás… de nuevo a oscuras. Mi amiga y yo íbamos los últimos de un grupo de diez. Y el beso no se hizo esperar. Cuando pasamos por uno de los lagos de la cueva ella se volvió y me besó con una sonrisa, duró un par de segundos, suficientes para haber estado dispuesto a pasar el resto de mi vida con ella en la cueva. Sin embargo continuamos con el grupo hasta llegar a una pared en la que había dibujado a carbón la figura de un reno. No podía creerlo. El guía nos explicó que el dibujo tenía unos 18.000 años. Es asombroso observar un dibujo de esas características, sentir la presencia del hombre del neolítico. Unos metros más adelante otra figura dibujada de un solo trazo, un pez con el ojo en forma de espiral. Me pareció increíble, de hecho aún me cuesta explicar las sensaciones que tuve ese día. Por un momento las imágenes me transportaban muchos siglos atrás… imagínense una época en la que en la serranía de Ronda había renos!!. También había otras zonas con pintadas que no pudimos ver porque eran de muy difícil acceso, pero pudimos comprobar en una de las paredes de la cueva restos de hollín donde hacían el fuego. Impresionante. Laberintos, salas gigantes, y vestigios del río que atravesaba los 4 kilómetros de cueva.
Antes de que terminara la visita mi amiga y yo ya habíamos repetido varias veces lo de los besos y, sinceramente, fue uno de los paseos más románticos que he vivido. A los que no conocen la Cueva del Gato les aconsejo la visiten alguna vez, además el entorno del lugar es tan hermoso y único como la misma cueva. Y si no , hay otras muchas cuevas para  visitar en Andalucía. Es una forma distinta de conocer nuestra historia, que sin duda, es conocernos a nosotros mismos.

(Por Juan Francisco Hidalgo).

Una respuesta to “Besos en la Cueva del Gato”

  1. Anastasia dijo:

    Si, visitar un sitio tan lleno de historia como el Cueva del Gato con una amiga sentimental dando un paseo romantico debe ser inolvidable..buen relato.. me entra la gana de ir por alli

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